13.12.13

De la fobia a las despedidas

Las despedidas y los aeropuertos siempre van de la mano. Y de la mano también va mi fobia cuando me encuentro a esa vil pareja al caminar. Una vez más estoy envuelta de esas paredes impersonales que a tanta gente ven pasar a diario. Una vez más estoy haciendo algún gesto o pronunciando algunas palabras que significan 'adiós'. 'Hasta luego' más bien (no me gusta el 'adiós').

Pero la agonía se hace conmigo unos instantes antes de EL instante. Me quedo en blanco un momento. Esas paredes y esos minutos eternos antes de la despedida me matan. Son un dejà vú que me araña por la espalda como para hacerme mirar a esas paredes y recordar. Quizás se me llenan los ojos de sal. Quizás es sólo mi mente.

Pero vuelvo a estar ahí. Vuelve el sabor agrio de la despedida. Y sólo quiero irme para dejar de recordar. Porque es ese recuerdo el que me duele hasta que aprenda a que deje de doler. Y poco a poco pasa. Pero odio las despedidas que van de la mano de los aeropuertos.
El peor enemigo: uno mismo. Te pierde.

Amar

Curiosa la nostalgia que te invade una tarde sin más y sin pedir permiso. Llenas una copa de vino para dejarte llevar por ella y te recuerda una cosa: letras.

Letras que echas de menos escribir. Letras que han desaparecido. Letras ausentes a falta de inspiración. Inspiración que se centra sólo en amar.

Amar. Amar a cada instante y con tal intensidad que a veces rasga la piel. Amar con tanta fuerza que a veces hasta quedas débil. Pero siempre amar. Siempre sentir. Porque vale más sentir con pasión aunque a veces te desgarre, que no sentir en absoluto.

Amar y querer. Siempre de la mano. Amar y querer desnudarse. De corazón, de cuerpo. Quitarse todo lo que cubre piel y sentimientos. Desnudarse sin más y sin pedir permiso como hace la nostalgia cuando posa frente a mí. Desnudarme frente a ti mientras me miras desnuda. Quererte. Amar. Siempre sentir.
Hace poco escuché, en uno de esos programa-documentales que ofrece National Geographic, que si fuésemos conscientes de todo lo que pasa por nuestra cabeza; de todo lo que pensamos, quedaríamos paralizados. El otro día discutíamos sobre cuántos pensamientos circulaban por nuestra mente en un mismo intante y éramos consciented de ellos. Sigo creyendo que unos 3 o 4: el absurdo, lo que piensas, lo que crees que piensas y lo que quieres que crean que piensas. El absurdo a veces se multiplica por dos o tres y se suprime alguno de los otros. Aunque eso depende de tu nivel de felicidad. Me hace entender aquella frase que tanto he escuchado: "si quieres ser feliz, no analices".

18.11.13

Una clase (y un poco) más

Me ha sorprendido ver que las niñas de catorce/quince años siguen planteándose dónde acaba la vida y qué hay después de ella. Yo ya pensaba que en mi generación sólo quedábamos un par de tarados que pensábamos esas cosas tan ancestrales, pero al parecer sigue habiendo un poco de profundidad en el mundo.

Y, ¿qué hay más allá de la vida? Nos lo acabábamos preguntando las dos tras una reflexión suya relacionada con la expansión del mundo. Yo decía que la vida es verdaderamente efímera y ella me contestaba que no, que simplemente no tiene sentido porque caemos en el olvido. Es curioso, nunca le había dado demasiada importancia a ese abismo. Otra vez la nada. Ella cerraba los ojos y me decía: "imagino la muerte como si fuese semejante a cerrar los ojos... sólo ves negro y no tiene ni principio ni final". Sí, quizás sea así. O quizás sea blanco.

- ¿Y si muere nuestro cuerpo pero vive nuestro espíritu?

Ya está, ya la había liado otra vez. Entonces pasamos a hablar de espíritus, de su existencia y.... mejor aún: del poder de la mente. A veces explicas algo. Lo haces con un poco de convicción y un tanto más de valentía: "creo que cuando piensas en alguien, esa persona está pensando en ti". Ejemplifico (siempre ayuda a dar credibilidad a los argumentos). Pienso: ahora viene cuando me tachan de loca pero, sorprendentemente, me dicen (ahora se ha sumado la pequeña) que también lo creen.

Y después de unos cuantos sorbos de surrealismo, de locura y de teorías sin respuesta, volvemos a la redacción.... "and he achieved his life-time dream".

2.11.13

Estoy enamorada. Profundamente enamorada. Tan enamorada estoy, que apenas sé describir el sentimiento con palabras. Es un cosquilleo infinito en el estómago al mirarla, es un mirar sin ver más que su mirada, es la necesidad de gritar todo lo que siento y ni tan siquiera saber juntar las palabras para hacerlo. Estoy tan enamorada que mi felicidad se ha convertido en algo inevitable.

TO BE CONTINUED en papel...

4.5.13

A veces miras a la persona a la que amas y sólo mirándola, quedas fascinado y piensas 'no puede ser real'.

Me suele pasar que la miro cuando se mueve con ese caminar pausado y siento la necesidad de detenerme para no perder el enfoque, pues quiero apreciar cada detalle con la máxima definición. Me pasa que a veces la miro tumbada a mi lado y me fuerzo a no cerrar los ojos para no despertar. Me pasa que la veo venir hacia mí a lo lejos y me agarro fuerte a la vida. La abrazo, la beso. La siento.

3.5.13

Entro en ese bucle de confusión. Empieza otra vez el drama. Analizar cada detalle, querer más, esperar más, exigir más... Entonces una carcajada. Pero explicarlo e ir expresando las simples quejas que tan fáciles son de solventar. Y, ¿por qué no lo hace?

Pero recuerdas 3 líneas en un libro. Tres líneas que te arrancan una sonrisa y una lágrima de emoción. La quiero. Estoy locamente enamorada. Se me escapa otra carcajada y le digo a mi mejor amiga 'si en el fondo, sólo quiero que me mime un poco más porque me muero por ella'. Y ya no se me despega esta sonrisa que llevo clavada.