28.12.13

Scars

One might think that you only get scarred when you're young. But it's not fully like that.

Sorprende ver que a veces las heridas, aún habiendo cicatrizado, arden un poquito. Se te irrita la piel y miras esa cicatriz con pánico porque invade un miedo que susurra "se va a volver a abrir", aunque obviamente sabes que no es así.

Cuando te das un golpe, duele un rato pero se pasa y, generalmente, no vuelve a doler. Apenas recuerdas el lugar donde te golpeaste. Cuando tienes un accidente en coche (siempre que sea semi-leve), recuerdas el lugar y cuando pasas pones en marcha todos los sentidos pero al cabo del tiempo, se convierte en una rutina inconsciente. En cambio, cuando algo duele dentro, cicatriza, se cura, pero cualquier mínima pista que se relacione a la herida, la reabre un poquito. Lo peor no es la fisura en la piel... Lo peor es el pánico.

Las horas pasan más lentas. La preocupación (in)fundada se va haciendo contigo. Lentamente. Entonces intentas evitarlo todo y en el proceso de evitar, sucede lo contrario. Vas recordando. Lentamente. Porque un día, esto mismo precedió al día que se abrió una herida. Y había los mismos protagonistas.

Pero hoy no es ese día y a pesar de ser los mismos protagonistas, no son las mismas personas.

So, let go. Don't look at the scars, don't feel the pain in the mind. Avoid it - but, for real. And let the logic in your brain for once travel to your heart.

13.12.13

Son ojos color del mar arropados por una melena color tierra. El principio y el fin. Y más allá, su cuerpo: el paraíso.

Son esas caderas que invitan a bailar, ese caminar pausado, esa suave brisa que levanta al pasar. La miro de lejos y sólo quiero acercarme. Caminar despacio, bailando hacia ella. Y perderme al llegar.

Son sueños que soñé con todas mis fuerzas. Son sueños que tanto deseaba que se acabaron cumpliendo. Sueños que seguiré soñando. Porque soñar es una forma de vivir mientras dormimos. Y a veces es la forma más viva de vivir porque nada es nítido, sólo las sensaciones.
Si me dejas, te cubro de letras.

De la fobia a las despedidas

Las despedidas y los aeropuertos siempre van de la mano. Y de la mano también va mi fobia cuando me encuentro a esa vil pareja al caminar. Una vez más estoy envuelta de esas paredes impersonales que a tanta gente ven pasar a diario. Una vez más estoy haciendo algún gesto o pronunciando algunas palabras que significan 'adiós'. 'Hasta luego' más bien (no me gusta el 'adiós').

Pero la agonía se hace conmigo unos instantes antes de EL instante. Me quedo en blanco un momento. Esas paredes y esos minutos eternos antes de la despedida me matan. Son un dejà vú que me araña por la espalda como para hacerme mirar a esas paredes y recordar. Quizás se me llenan los ojos de sal. Quizás es sólo mi mente.

Pero vuelvo a estar ahí. Vuelve el sabor agrio de la despedida. Y sólo quiero irme para dejar de recordar. Porque es ese recuerdo el que me duele hasta que aprenda a que deje de doler. Y poco a poco pasa. Pero odio las despedidas que van de la mano de los aeropuertos.
El peor enemigo: uno mismo. Te pierde.

Amar

Curiosa la nostalgia que te invade una tarde sin más y sin pedir permiso. Llenas una copa de vino para dejarte llevar por ella y te recuerda una cosa: letras.

Letras que echas de menos escribir. Letras que han desaparecido. Letras ausentes a falta de inspiración. Inspiración que se centra sólo en amar.

Amar. Amar a cada instante y con tal intensidad que a veces rasga la piel. Amar con tanta fuerza que a veces hasta quedas débil. Pero siempre amar. Siempre sentir. Porque vale más sentir con pasión aunque a veces te desgarre, que no sentir en absoluto.

Amar y querer. Siempre de la mano. Amar y querer desnudarse. De corazón, de cuerpo. Quitarse todo lo que cubre piel y sentimientos. Desnudarse sin más y sin pedir permiso como hace la nostalgia cuando posa frente a mí. Desnudarme frente a ti mientras me miras desnuda. Quererte. Amar. Siempre sentir.
Hace poco escuché, en uno de esos programa-documentales que ofrece National Geographic, que si fuésemos conscientes de todo lo que pasa por nuestra cabeza; de todo lo que pensamos, quedaríamos paralizados. El otro día discutíamos sobre cuántos pensamientos circulaban por nuestra mente en un mismo intante y éramos consciented de ellos. Sigo creyendo que unos 3 o 4: el absurdo, lo que piensas, lo que crees que piensas y lo que quieres que crean que piensas. El absurdo a veces se multiplica por dos o tres y se suprime alguno de los otros. Aunque eso depende de tu nivel de felicidad. Me hace entender aquella frase que tanto he escuchado: "si quieres ser feliz, no analices".