12.4.11

Tiene algo en la mirada. Es clara, es transparente, es cristal. Sus ojos, a diferencia de los míos, no saben mentir y la admiro por ello. Tiene un halo de sinceridad que la envuelve. Dice: "vamos a pintarlo, ven" y me escucha mientras quedo atrapada entre la pintura y ella. Es quien mejor me entiende y quien menos me juzga. Sí, la admiro y puede que hasta la idealice, pero es que está por encima de todo. Sin decir nada, lo dice todo. Y tiene algo en la mirada... Tiene algo en cada gesto... Tiene algo en su caminar que me impulsa a seguir caminando.
Me hundo en lo profundo de las personas y me ahogo intentando entrar en ese barco naufragado. Las escotillas son demasiado estrechas y a pesar de haber bajado a pulmón, no consigo adentrarme. No se ensanchan las oberturas. Intento conocer. Y mientras tanto, oigo como dicen que soy superficial. Será que no vale la pena quedarse sin aire. Será que tampoco me importa ahogarme. Será que el oxígeno no lo es todo y que la impotencia se hace grande.

10.4.11

There's always someone. There's always someone out there loving you, smiling for you, smiling because of you, giving up something for you, dreaming of you, crying for you... There's always someone. And then there's you. There's your smile, your love (or lack of it), your decisions, your dreams, your tears... The reasons behind them all.

It's action-reaction. It's always action-reaction.

She smiles-you smile.
He talks-you're silent.
You dream-you suffer.

And then it goes back to the start again. But the thing is, either way, if it's at the start or the finish line, there's always someone. Even when you know not of their being, there's always someone amongst all people.

6.4.11

Es de esos días en que el agotamiento puede contigo. Todo empieza a dejar de tener sentido. Tú pierdes el sentido. Pero llegan las nueve y empiezas a andar. Sola. Como más te gusta. Pasas un grupo de chicas. Al parecer no se han enterado de que había examen. Sigues andando. Te pasa por al lado un extraño y piensas: ya me están adelantando otra vez, y le sigues el paso. Se para porque parece que pasará un coche, pero decidida, pasas por su lado y cruzas. Me sigue. En la rotonda le pierdes y no puedes evitar una risa cuando te giras y ves que se ha chocado contra el árbol. Se mira la zapatilla pero no parece haberse hecho daño. ¿Le digo algo? Se para una mujer delante tuyo con el coche y te pregunta dónde está la facultad de periodismo. Le indicas pero no parece enterarse demasiado. Él sigue a tu lado sin cruzar. Se va ella y antes de decirte que pases, ya ha pasado él. Le sigues porque casualmente va en tu misma dirección. Andáis juntos sin decir nada y vuelves a pensar: Va, ¿le pregunto si se ha hecho daño?. Sonríes y no te animas a ello. Seguís caminando. Misma dirección, pero te distancias un poco. Él acaba cruzando la calle. Cada uno en una acera sin decir nada pero sabiendo que andabais en sentido paralelo. Entonces cruzas, has llegado al coche. Él ha llegado a su puerta. Le miras una última vez con un gesto y te mira mientras abre.

Al rato te das cuenta de que ese extraño te ha arrancado una sonrisa. Te ha hecho sonreír en un día que querías que acabase. Y se ha quedado en tu cabeza como una mera sombra de algo bastante grande: el poder de las personas.

Sin saberlo, se ha llevado consigo el vacío. Lo más probable es que no le vuelvas a ver. Lo más probable es que la vida no nos haga andar en la misma dirección. Pero lo incuestionable es que te ha abierto los ojos, se ha hecho con tu sonrisa y te ha dejado un ligero sabor a vida en la boca.
Con los ojos irritados por las ganas de dormir, me hago un café. El antídoto. Me preparo el desayuno y aparece él. Se ofrece a hacerme un zumo. Yo, sonriendo, le dejo. Me bebo ese zumo, mojo las galletas en café y cuando me las acabo, la taza sigue llena. Nos quedamos hablando. ¿Qué hora es? Las 10 menos cuarto. Ya se me ha vuelto a escapar el tiempo. Pero cabe decir que no hay nada como que se me escape con él.

4.4.11

Pensé que ese día en el que yo estaba arriba, despidiéndome, ella estaría allí para abrazarme al bajar. Pensé que él sería el amor de mi vida. Pensé que después de todo, la conocería a fondo. Pensé que perseguir mis sueños sería todo lo que haría.

La vida dio la vuelta. Crecí. Me di cuenta de que ese abrazo se había escapado hacía ya mucho tiempo pero que vendría algo momentáneamente más grande. Me di cuenta de que él no merecía mi corazón si era capaz de jugar con mi ego. Me di cuenta de que era ambiciosa queriéndolo saber todo y que debía aprender de los detalles. Me di cuenta de que perseguir sueños es una pérdida de tiempo, es mejor cumplirlos a medida que los improvisas.

La vida dio la vuelta. Crecí. Dejé de ser ingenua pero disfruto disfrazándome de tal de vez en cuando. Dejé de responder a las sonrisas cuando mi mirada se rompía. Dejé de engañarme y opté por conocerme un poco mejor. Dejé de caminar con prisa para verlo pasar todo más lento.

La vida dio la vuelta. Crecí.
Y sigo creciendo.